Encontraron en Michoacán a la verdadera abuelita Coco

María Salud Ramírez Caballero es una abuelita de 105 años a la que identifican como Mamá Coco,  el personaje de la bisabuela en la película Coco, una de las cintas más exitosas de Pixar.

Las autoridades comunales y artesanos del pueblo mexicano le entregaron un reconocimiento y la nombraron “embajadora de los artesanos”.

Si bien no ha sido reconocida oficialmente por la producción de la película, en Santa Fe de la Laguna, su pueblo natal, sí. Gracias al éxito arrasador del filme, la Nana Salud, como se la conoce, ha obtenido fama en el lugar.

Una de las nietas de Mamá Coco expresó que considera una falta de atención que la producción no dé mérito a su abuela, pues el personaje se basó en ella, la forma de hablar, los rasgos físicos.

Por ello, los artesanos y pobladores desean que la alfarería que producen sea conocida en todo el mundo, ya que después del estreno de Coco aumentaron sus ventas.

Según Salud Ramírez, su longevidad radica en su alimentación, pues está basada en frijoles, pescado y habas.

La señora Salud vive en una situación sencilla y muy limitada, mientras que sus nietas venden figuritas de barro para ayudarla con los gastos del hogar.

A pesar de que Salud Ramírez resulta ser la viva imagen de uno de los personajes centrales de Coco, la producción no ha reconocido que se basó en la imagen de la adulta mayor para darle vida a Mamá Coco.

A más de un año de su estreno, turistas nacionales y extranjeros visitan la pequeña localidad michoacana y toman su tiempo para visitar a María Salud Ramírez Caballero.

El director de la película Coco, Lee Unkrich, ha brindado una declaración, esto por una publicación en la que la gente reclamaba que no le han dado ningún apoyo a la supuesta señora en la que se basaron para hacer a la abuelita de la animación.

Aseguró que el personaje no se basó en ninguna persona real que hayan conocido en algunos de los viajes y que el personaje salió de su imaginación.

A pesar de ello, los productores de la película Coco dijeron en entrevistas que Michoacán fue una región muy importante para inspirar la cinta.

La otra abuela encarnada

Estela Fabián Mendoza es la otra abuela cuya imagen ha recorrido el mundo a través de la pantalla, pues sirvió de inspiración para crear el personaje de Elena Rivera, la abuelita de Miguel.

Estela tiene 65 años y seis nietos, uno de ellos también se llama Miguel. Desde hace 18 años es cocinera en el taller que a diario brinda comida a unas 100 personas en Tilcajete, Oaxaca.

Ella también reveló que desconocía ser parte de las fuentes de inspiración para la cinta. La sorpresa se asoma en su blanca sonrisa: “No lo tomé en cuenta”, aseguró.

Los acercamientos de la producción, que ganó el Oscar a mejor película animada, fueron espontáneos, dice. El staff visitó el taller durante cuatro años consecutivos en la temporada de Todos los Santos.

“Los de la película solo platicaban, venían y veían lo que hacíamos, nunca me tomaron una foto o un video”, recordó Estela en el periódico El Universal, y negó haber recibido alguna gratificación.

“¿Que yo salgo en la película?, yo no lo creía, y cuando la vi dije: ‘¡Ay, Dios mío, sí se parece a mí'”, confesó entre risas. Estela y Elena tienen un rostro similar, gestos idénticos y una vestimenta peculiar: falda larga, blusa de manga corta y un mandil a cuadros, como el que usan las abuelitas de la comunidad.

Sin embargo, afirma que hay una diferencia muy puntual entre la caricatura y ella: el carácter. Admite ser explosiva, pero insiste en que los enojos le duran solo un rato, pero si los nietos lo merecen, es muy útil recurrir a los chanclazos, agregó.

Relató que una de sus más grandes pasiones, desde niña, es la cocina tradicional. Es hija de trabajadores del campo, quienes también elaboraban alebrijes. “Después de que mi esposo murió, me vine a trabajar a la cocina. Tengo cinco hijos que son artesanos y también saben cocinar”.

Coco fue ganadora del Oscar a Me­jor película de animación y ha recau­dado más de 800 millones de dólares en la taquilla a nivel mun­dial.